Varguitas, la verdad de las mentiras

Por: Wilfredo Pérez Ruiz (*)

El Centro Cultural Inca Garcilaso del Ministerio de Relaciones Exteriores está presentando, hasta el 12 de abril, la impecable e ilustrativa muestra Varguitas, la verdad de las mentiras que reúne las imágenes de Mario Vargas Llosa. Uno de los peruanos más insignes del siglo XX y “minucioso muralista de la diversidad”, según el literato Alonso Cueto Caballero. Este prodigioso trabajo es creación de Alejandro Castellote, Morgana Vargas Llosa y Carlos Caamaño.

La exhibición consta de dos partes. La primera es una nutrida colección de fotografías de sus padres, sus tiempos de juventud, su permanencia en la Colegio Militar Leoncio Prado, su vida universitaria, sus entrañables amigos Javier Silva Ruete, Blanca Varela y Fernando de Szyszlo, su esposa, hijos y nietos y, con especial énfasis, sus encuentros con notables personajes de la literatura como Jean Paul Sastre, Gabriel García Márquez, Jorge Donoso, Jorge Luis Borges, Carlos Barral, Abelardo Oquendo, Pablo Neruda, Julio Cortazar, José Saramago, Ernesto Sábato, Alonso Cueto, Nicanor Parra, etc.

Se incorpora su breve incursión política y, por lo tanto, su candidatura presidencial en 1990 por el Frente Democrático (Fredemo) y los premios Príncipe de Asturias de las Letras (1986) y el Nobel de Literatura (2010). No podía estar ausente su prestigiosa agente literaria Carmen Balcells Segalá y el periodista Juan Cruz Ruiz, su esmerado editor, con quienes mantuvo estrecha y afable relación personal y profesional.

La segunda está dedicada a sus viajes en compañía de su hija Morgana. Se revela su recorrido, entre otros escenarios, por la Polinesia Francesa, Bretaña, Burdeos (Francia) y, principalmente, Israel, Palestina e Irak “en busca de historias reales que luego se convirtieron en reportajes”. Acerca de su estadía en Israel y Palestina (2005), el artífice de Conservación en la catedral (1969) anotó: “…En Israel y Palestina se vive más que en otras partes y el tiempo parece durar allá menos que en el resto del mundo. Acaso esa sea la razón por la que tres de las cuatro grandes religiones de la historia de la humanidad tengan allí sus raíces y por la que ese puñado de kilómetros cuadrados haya hecho correr desde hace cuatro milenios más sangre y locura que cualquier otra región del mundo”.

También, comprende su paso por el Puerto Eten y el botadero de las Pampas de Reque en Chiclayo (Lambayeque) -con sus hijos Álvaro, Gonzalo y Morgana- para la elaboración de su última obra Le dedico mi silencio (2023), “una novela escrita desde la intimidad con el Perú” expone Alonso Cueto Caballero en su volumen Mario Vargas Llosa: palabras en el mundo (2025).  Esta obra detalla la agitada existencia de Toño Azpilcueta y describe su intenso interés por revalorar la música criolla y afroperuana.

El curador Alejandro Castellote refiere: “El mosaico que abre esta exposición, forzosamente incompleto, quiere ser el álbum familiar de Mario Vargas Llosa llevado a la pared, acercarnos al contexto que rodeó la intensa vida de un escritor de talla universal”. Por su parte, Morgana Vargas Llosa asegura: “Lo recuerdo siempre con la libreta en la mano, escribiendo sin descanso. Yo lo seguía con la cámara, intentando fijar aquello que él convertiría luego en palabras. Este es un testimonio del trabajo compartido, de las veces que dejamos de ser solo padre e hija para convertirnos también en compañeros de ruta y oficio”.

El autor de La ciudad y los perros (1963) debe a nuestra patria sus experiencias fundamentales y el manantial de su actividad intelectual en la que confluían su visión literaria. Su producción ha facilitado conocer “el país de las mil caras”. Es interesante la propensión realista de sus tramas que buscan fingir la realidad. Así construyó figuras irreales nutridas de otras auténticas. Están presentes con relevancia escenarios, recuerdos y vivencias de nuestra patria. Por alguna razón citaba al dramaturgo francés Honoré de Balzac, quien decía “la novela es la historia privada de las naciones”.

“La buena literatura tiene que entretener. A través de la literatura se entra en contacto con una problemática humana, cultural y social. La literatura sensibiliza al hombre, lo alerta frente a determinados problemas, estimula su espíritu crítico frente a toda forma de injusticia. Creo que la literatura lo hace al hombre mucho más rebelde y anticonformista. Y espero que mis obras tengan estas características y contribuyan al espíritu crítico y rebelde del hombre”, me relató al entrevistarlo en su casa de Barranco en 1984. “La literatura es fuego”, sentenció en su discurso como primer ganador del Premio Rómulo Gallegos (1967).

Este célebre escritor “no solo es el peruano más universal, sino uno que ha vivido la gloria en vida. Llegar a ese punto es sumamente complicado. No es sencillo ser siempre el centro de atracción. Pero ha convertido esa fama, ese poder mediático del que goza, en un capital para influir en el campo de las ideas”, precisó Pedro Cateriano Bellido en su libro Vargas Llosa, su otra gran pasión (2025).

Suscitó encuentros y confrontaciones en el ámbito político e intelectual. El expresidente de la Argentina Mauricio Macri, en su texto El legado de Mario: el compromiso contra el populismo, en el libro El polemista arriesgado (2025) de Álvaro Vargas Llosa apuntó: “El legado de Mario va a perdurar más allá de las páginas de sus libros y va a seguir iluminando el camino de aquellos que, como yo, buscamos construir un mundo más justo, libre y próspero para todos”.

Su herencia peruanista vivirá entre sus lectores, admiradores y críticos de todas las latitudes; su enriquecedor aporte es un canto de amor al Perú. Será fuente de reflexión e inspiración. Polémico, sensato, odiado, envidiado, perseverante, disciplinado y un referente enaltecedor. Fiel a sus lúcidas convicciones cívicas y democráticas y, consecuentemente, a su firme defensa de la libertad, aunque fuera tantas veces incomprendido y cuestionado. Prevalecerá en el tiempo y en la historia este conciudadano excepcional.

Felicito al Centro Cultural Inca Garcilaso por esta importante iniciativa coincidente con la conmemoración de los 90 años de su natalicio. Le tributo homenaje evocando sus palabras, las que atesoro en mis remembranzas más queridas: “…Admiro la capacidad de un hombre de superar sus limitaciones a base de esfuerzo y de imaginación. Creo que esos son los tipos humanos que admiro más. Aquellos que teniendo unas determinadas limitaciones son capaces, sin embargo, por disciplina, por convicción, por esfuerzo de superarlos y superarse a sí mismo en esta tarea. Creo que es el ejemplo humano que admiro más, aquellos hombres constructivos”.

(*) Docente, comunicador y consultor en protocolo, ceremonial, etiqueta social y relaciones públicas. http://wperezruiz.blogspot.com/

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