El brutal ataque de perros que dejó a un hombre al borde de la mutilación en Pachacámac

PACHACÁMAC. Lo que debía ser el cierre de una rutina saludable de ejercicios se convirtió en una escena de terror puro. Renzo Castro La Matta no regresó a casa para abrazar a su familia; llegó a una sala de emergencias con el cuerpo desgarrado. Dos perros, descritos por los vecinos como auténticas armas biológicas sin control, lo emboscaron en la avenida Casa Hacienda.

Las imágenes de las cámaras de seguridad son escalofriantes, no hubo provocación, solo un acecho depredador. Renzo terminó reducido en el suelo, gritando por su vida mientras los canes le hundían los colmillos en brazos y piernas, destrozando tendones y tejido muscular.

¿Dónde termina el amor por los animales y empieza la complicidad con el peligro?

Para muchos «animaleros», la culpa nunca es del animal. Sin embargo, en el mundo real, la sangre derramada es humana. El dueño de los canes, identificado como Rolando Enrique Larriva Gonzáles, es hoy el centro de una denuncia por lesiones graves y tentativa de homicidio. ¿Por qué estaban esos animales sueltos? ¿Por qué se permite que perros y más con antecedentes de agresividad, transiten libremente como si las calles fueran una selva?

Este no es el primer ataque. Un acta policial revela que, minutos antes de destrozar a Renzo, estos mismos perros ya habían herido a otra persona. Es decir, había un peligro latente ignorado por su propietario, cuya irresponsabilidad ha condenado a un hombre joven a una cirugía reconstructiva y a una deuda médica asfixiante que su familia hoy debe cargar sola.

Héroes anónimos y una justicia que no llega

Si no fuera por la valentía de un mototaxista que se interpuso entre los colmillos y la víctima, hoy estaríamos hablando de un funeral en lugar de una cirugía. Mientras Renzo permanece internado en el Hospital de Emergencias de Villa El Salvador, los vecinos de Pachacámac viven bajo el asedio del miedo.

«No se trata de odiar a los animales, se trata de valorar la vida humana», clama el hermano de la víctima, quien ha visto cómo la vida de Renzo se detuvo en un segundo.

La pregunta queda en el aire para la sociedad. ¿seguiremos poniendo excusas para los dueños negligentes o exigiremos que la seguridad de las personas esté por encima de cualquier malentendido «derecho animal»?

Hoy es Renzo. Mañana, si no se actúa contra estos «dueños de lo ajeno», podría ser un niño o un anciano quien no sobreviva para contar la historia.

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