Lección política se consolida en las urnas

Por: César Fernández (Exdecano del Colegio de Periodistas del Perú)

Todo el mundo cree tener la razón y la solución a los graves problemas que aquejan a nuestro país, desde los ciudadanos de a pie hasta los expertos políticos, y especialistas sociales que pretenden analizar la realidad nacional. Precisamente en tiempos electorales opinan, comentan y arrinconan a los candidatos políticos, intentando ser dueños de la verdad y asumiendo un patrocinio personal e intransferible.

Vergüenza ajena debían sentir porque son los mismos de siempre,»los inmortales» que aún están «vivitos y coleando».

Estos arribistas y convenidos toda una vida se la han pasado hablando y comentando como «doctos» de la política peruana, pero al final poco o casi nadie los escucha. Estamos hartos de tanta verborrea y de esas lenguas sucias e irreverentes que hablan mal de todo el mundo. Nadie es bueno ni está preparado para gobernar. Y susurran al «baile de la democracia» sólo cuando hay contienda electoral, luego se hacen los sordos y ciegos, aunque jamás pierden el habla, y a través de la tertulia y los medios, se convierten en falsos críticos cuando sus intereses están en peligro, parapetandose en trincheras «periodísticas» para defenderse a diestra y siniestra.

Realmente de nunca acabar, la gente ya no soporta más a estos políticos falsos y corruptos; autoridades ineptas que buscan en los comicios electorales una fuente de poder e ingresos del Estado, para delinquir y no trabajar.

No hay ángulos políticos que difieran uno del otro; derecha, izquierda o centro todos están en la misma salsa, unos más que otros, pero ahí están.

Ese es el mal endémico y la crisis moral de los últimos décadas en el Perú.

Dinero fácil sin trabajar, titulos dudosos, doctorados sin estudiar, y lo más grave y peligroso dirigir las instituciones del país sin la debida preparación.

Los bandidos de la democracia no difieren de ser distintos al final todos sacan las uñas.
No se trata únicamente de preferencias electorales, sino de conciencia electoral. No debemos aceptar la promiscuidad punitiva o impunidad, llevando al gobierno o Congreso a personas prontuariadas, que se sostienen abiertamente en el mecanismo legal de ser inocentes hasta demostrarles lo contrario. Eso en la práctica ya no pinta, está socialmente desgastado. La población no lo tolera y eso constituye el punto de inflexión de nuestra crisis.

Los resultados de la primera y segunda vuelta electoral demuestran claramente la participación y responsabilidad de la ciudadanía, que pese a los accidentados sucesos y falta de organización cumplió con su deber democrático de acudir a las urnas.

Estas serias deficiencias e irregularidades han puesto en entredicho la gestión de los organismos electorales, que recién en estos días dieron a conocer la relación oficial de senadores y diputados elegidos el 12 de abril, y finalmente el próximo mes de julio se conocerá al candidato presidencial ganador de la segunda vuelta.

Estos comicios controvertidos han generado mucha incertidumbre y una crítica situación política.
Los peruanos nos hemos dividido entre tendencias radicales y conservadoras, como queriendo encontrar en cada una de estas alternativas el desarrollo y la justicia, que en más treinta años de democracia no hemos podido alcanzar.
La indecencia y corrupción nos han llevado al desconcierto, a la incredulidad, al odio y una lucha de clases infortunada y maquiavelica.

No es posible convivir con el delito, la coima y la prebenda.

La confrontación social es el resultado del olvido de los pueblos, del hacinamiento de los cerros, de la pobreza; del abandono social, de las promesas incumplidas, de las obras paralizadas, de las faltas de oportunidad y la extrema marginación.

La ciudadanía una vez más acudió a las ánforas electoralesy dio su respuesta categórica, arrasando con 27 agrupaciones políticas, entre ellos, nuevos y viejos partidos que no pasaron el 2 por ciento de la valla electoral. Esto es una clara muestra de fortaleza democrática que busca el ansiado cambio y la reivindicación.

No hay término medio para el electorado.

No hay, ni habrá otro camino más en democracia, que nuestro voto y elección.
Ese es privilegio de quienes deciden sus designios en las urnas.

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