Durante dos siglos, la Doctrina Monroe ha funcionado como una maquinaria de succión financiera. Bajo la narrativa de la «protección hemisférica», se ha estructurado un sistema donde el desarrollo de Estados Unidos ha sido subvencionado por el estancamiento de sus vecinos. Al sumar los números, la cifra es devastadora: Latinoamérica no es una región pobre, es una región empobrecida por una transferencia de riqueza sin precedentes.
- El despojo territorial: El motor del imperio (9.5 billones anuales)
En 1848, México perdió el 55% de su territorio tras una invasión estadounidense.
- La pérdida para el Sur: México entregó 2.4 millones de km² por una «compensación» de 15 millones de dólares.
- La ganancia para el Norte: Hoy, esos territorios (California, Texas, etc.) generan un PIB anual de 9.5 billones de dólares. Sin el oro, el petróleo y los puertos arrebatados a México, EE. UU. jamás habría alcanzado el estatus de superpotencia.

- La trampa de la deuda: El salvataje de Wall Street (218,000 millones)
En los años 80, la política monetaria de la Reserva Federal elevó los intereses de la deuda externa a niveles confiscatorios.
- La pérdida para el Sur: Latinoamérica transfirió 218,000 millones de dólares netos solo en intereses en una década, canibalizando sus presupuestos de salud y educación.
- La ganancia para el Norte: Los grandes bancos de Nueva York evitaron la quiebra gracias a estos pagos, consolidando a Wall Street como el nodo financiero del planeta.
- El modelo extractivo: La regla del 7 por 1
La explotación de recursos (minería, petróleo, agricultura) por transnacionales de EE. UU. ha operado bajo una lógica colonial.
- La cifra: Por cada dólar invertido en la región, las empresas estadounidenses han repatriado entre 3 y 7 dólares de ganancia líquida. Latinoamérica pone el recurso y el daño ambiental; Washington se queda con la plusvalía.
- La Carrera Armamentista: El negocio de la dependencia (35,000 millones)
Este es el gasto más paradójico: los países latinoamericanos financian el complejo industrial-militar de EE. UU. para combatir amenazas a menudo derivadas de las propias políticas de Washington.
- La pérdida para el Sur: En las últimas dos décadas, la región ha gastado más de 35,000 millones de dólares en compras de armas a EE. UU. (F-16, Black Hawks, sistemas de vigilancia). Este dinero sale de los impuestos de los ciudadanos latinos y va directo a contratistas de defensa como Lockheed Martin o Raytheon.
- La ganancia perpetua para el Norte: El negocio no es solo la venta, sino el mantenimiento. Al comprar tecnología estadounidense, los países del sur quedan encadenados a pagar repuestos y actualizaciones por décadas, financiando indirectamente la investigación y el desarrollo militar de EE. UU.
- Guerra contra las Drogas: Sangre y Lavado (500,000 millones anuales)
La estrategia de militarización impuesta por EE. UU. ha sido un desastre humanitario para el sur, pero un éxito financiero para el norte.
- Daño al Sur: Solo México pierde el 15% de su PIB anual (unos 200,000 millones de dólares) debido a la violencia y la inseguridad.
- Ganancia al Norte: El mercado ilegal en EE. UU. genera 500,000 millones de dólares anuales, dinero que es absorbido y lavado por el sistema bancario estadounidense, inyectando liquidez a su economía mientras el sur pone los muertos.
- Fuga de cerebros: El subsidio educativo (20,000 millones anuales)
Cada año, miles de profesionales formados con fondos públicos en universidades latinoamericanas migran a EE. UU.
- El ahorro para EE. UU.: Washington importa talento ya capacitado, ahorrándose 20,000 millones de dólares anuales en costos de educación, un subsidio invisible que el sur le otorga al norte.
Conclusión: El balance de una hegemonía
Al sumar el valor de la tierra, los recursos extraídos, los intereses de la deuda, el gasto en armas y el costo social de la violencia, la factura histórica supera los 20 billones (trillions) de dólares.
Latinoamérica ha sido el gran inversionista involuntario del éxito estadounidense. La hegemonía no es solo política; es un modelo de negocios que asegura que el sur siempre deba, siempre compre y siempre exporte su capital.
En este 2026, los números dejan de ser estadísticas para convertirse en una pregunta de justicia global: ¿Hasta cuándo seguirá el sur financiando el brillo de la potencia del norte?
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