Los reacomodos políticos en Pueblo Libre

Editorial: Javier Yoplac

Con el reciente cierre del plazo para las afiliaciones partidarias, el tablero político ha sido testigo de un frenesí de movimientos y reacciones de cara a las próximas elecciones. Este fenómeno, más propio de un mercado de fichajes deportivos que de un sistema de partidos serio, exponen la fragilidad ideológica y el pragmatismo sin escrúpulos de muchos aspirantes al poder. El distrito de Pueblo Libre se perfila como un laboratorio perfecto de esta dinámica.

El Eterno Pragmatismo de Leguía

Un caso emblemático es el del exalcalde Jhonel Leguía Jamis, quien ha vuelto a cambiar de camiseta política. Su reciente incorporación a Somos Perú parece una jugada calculada para capitalizar el posible arrastre electoral de Carlos Bruce en una eventual candidatura a la alcaldía de Lima.

Con un historial que incluye seis partidos —Cambio Radical, Solidaridad Nacional, Renovación Popular, Alianza para el Progreso, PPC y ahora Somos Perú—, la carrera de Leguía se define por su búsqueda constante de la ola electoral más conveniente. Hace poco recolectaba firmas para el PPC, donde su llegada generó incomodidad entre la militancia histórica. Ahora, en Somos Perú, enfrenta una recepción igualmente fría por parte de las bases de Pueblo Libre, lo que sugiere que deberá construir su respaldo desde cero.

Este oportunismo político hace olvidar a sus simpatizantes que su gestión anterior careció de obras tangibles que modernizaran el distrito. Peor aún, fue la antesala del gobierno de su exasesor, Stephen Haas del Carpio, cuya gestión, junto a la de Leguía y la actual de Mónica Tello, es recordada como una de las más nefastas para Pueblo Libre.

El Portazo a Tello y las Vueltas del Poder

La actual alcaldesa, Mónica Tello, también parece haber buscado refugio en Somos Perú tras su aparente salida de Renovación Popular. Según fuentes cercanas, Carlos Bruce habría aprobado inicialmente su ingreso, pero un veto de último minuto frustró sus aspiraciones. Aunque el Registro de Organizaciones Políticas (ROP) aún la muestra como afiliada a Renovación Popular, expertos señalan que estas actualizaciones pueden demorar meses.

La gestión de Tello ha sido duramente criticada por la proliferación descontrolada de construcciones, una notoria desorganización en seguridad ciudadana y múltiples denuncias de compras sobrevaloradas. Sin embargo, su exclusión de Somos Perú no respondería a un filtro de calidad, sino a una rencilla personal.

La ironía es cruda: el responsable del veto habría sido Bobby Matos, actual estratega de Bruce. Años atrás, Matos, junto a Norma Yarrow y Renzo Reggiardo, aprobaron la candidatura de Tello por Renovación Popular, quien ganó la alcaldía gracias al arrastre de Rafael López Aliaga. El año pasado, Matos visitó la municipalidad para reunirse con la alcaldesa, pero esta no solo no lo recibió, sino que, según testigos, lo habría ignorado aparentemente en un pasillo. La política, en su versión más mezquina, le dio a Matos la oportunidad de devolver el deseo, cerrándole la puerta de Somos Perú y dejando el camino libre para el pragmático Leguía.

Recomposiciones en Otras Canteras

La salida de Leguía del PPC ha permitido el ingreso de la dupla conformada por Fidel García y Martín Mateus, en un intento por renovar sus cuadros. A su vez, el partido Fe habría incorporado a Moisés Ilave, sumando otro nombre al tablero distrital.

Conclusión: La Política como Negocio Personal

Estos movimientos revelan un panorama desolador. Más que políticos comprometidos con un proyecto de ciudad, vemos a operadores cuyo principal interés es su propio beneficio. Saltan de un partido a otro no por convicción, sino por cálculo; no para servir, sino para servirse del poder.

Al final, este «baile de las sillas» exponen un profundo desdén por el electorado y por los principios democráticos. Mientras los políticos juegan a asegurar su futuro personal, los verdaderos problemas de los distritos —inseguridad, caos urbano y corrupción— quedan relegados a un segundo plano. Pueblo Libre, por ahora, es solo un reflejo de una clase política que ha confundido la representación ciudadana con una agencia de empleos.

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