Reflexiones sobre el Lugar de la Memoria (LUM)

Por: Wilfredo Pérez Ruiz (*)

El pasado 28 de agosto se conmemoraron 23 años de la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), creada el 4 de junio de 2001 durante el mandato de Valentín Paniagua y encabezada por Salomón Lerner Febres. En el marco de esta fecha, resulta oportuno reflexionar sobre el rol fundamental que cumple el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM) en nuestro país.

Este proyecto, que cobró vida gracias a la cooperación económica de Alemania durante la segunda administración de Alan García (2006-2011) y se inauguró en diciembre de 2015, destaca no solo por su valor histórico, sino también arquitectónico. Su imponente edificación, diseñada por Sandra Barclay y Jean Pierre Crousse, se mimetiza armoniosamente con los acantilados de la Costa Verde, lo que le ha valido galardones como el Hexágono de Oro (2014) y el premio Oscar Niemeyer (2016). Hoy, adscrito al Ministerio de Cultura, está posicionado como el séptimo recinto más visitado de los 58 que integran el Sistema Nacional de Museos del Estado (SNME).

El LUM tiene como propósito principal ayudarnos a comprender los orígenes, el desarrollo y las secuelas del conflicto armado interno. Su exposición nos invita a observar esta etapa de nuestra historia con perspicacia, introspección y sensibilidad. A través de una museografía moderna, objetiva y rigurosamente documentada, el visitante recorre hechos comprobados mediante fotografías, testimonios, videos y objetos personales. Además, su guion no es una imposición, sino el resultado de múltiples consultas participativas y consensos entre el Estado y la sociedad civil.

Al recorrer sus instalaciones, el público se confronta con las terribles masacres de ashánincas, Soras, Accomarca, Uchuraccay, Putis y Barrios Altos. Este recorrido, diseñado para fomentar el espíritu crítico, revela las múltiples dimensiones de la época del terrorismo (1980-2000) y resguarda con veracidad un capítulo de nuestro pasado que no podemos ni debemos ignorar. Precisamente por materializar nuestra compleja relación con la historia, el LUM nunca fue concebido como un lugar para complacer a todos, contrario a lo que afirman voces desinformadas o tendenciosas.

El conflicto armado interno desnudó nuestras más profundas brechas, desigualdades y la histórica falta de integración nacional. En las zonas andinas, la población civil quedó atrapada en el fuego cruzado: por un lado, la violencia de Sendero Luminoso (SL) y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA); por el otro, el accionar de las Fuerzas Armadas. Todo esto ocurrió ante la mirada apática —y a menudo inmutable hasta nuestros días— de gran parte del país.

El terror se ensañó principalmente con los más vulnerables: quechuahablantes, analfabetos, mujeres, niñas y niños. Según la CVR, de las cerca de 69,000 víctimas (entre muertos y desaparecidos), el 75% provenía de estas regiones, siendo la mitad de ellos ayacuchanos. Se estima que al menos 50,000 víctimas tenían el quechua u otra lengua originaria como idioma materno. Quedó en evidencia, así, la letal relación entre pobreza, exclusión social y la probabilidad de ser violentado por los bandos enfrentados.

Frente a esta herencia de indolencia, el LUM actúa como un catalizador de sensibilidad. Coincido plenamente con su exdirector, Guillermo Nugent, quien, tras un reciente recorrido, reflexionó: “…La muestra para la gente mayor es un momento para recordar y tratar de entender esos períodos vividos; y para las generaciones más jóvenes, que no vivieron eso, que han escuchado en conversaciones familiares o a través de los medios de comunicación, es una oportunidad de ver los testimonios y formarse una imagen por cuenta propia”.

Este espacio trasciende la simple exhibición: es un aula cívica para el aprendizaje, la empatía y la reivindicación de compatriotas que aún claman justicia. A pesar de su innegable valor, subsisten sectores obsesionados con desacreditar su existencia, motivados por la sórdida intención de distorsionar la realidad. Contra ese negacionismo, el LUM devela el silencio e impulsa el pensamiento crítico. Resulta pertinente recordar las palabras de Diego García-Sayán, expresidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH): “…Los museos de la memoria no existen para prolongar odios ni para imponer una versión oficial de la historia. Su función es exactamente la contraria: preservar hechos, documentos y testimonios; reconocer a las víctimas; estimular una reflexión crítica y permitir que las nuevas generaciones comprendan hasta dónde puede llegar una sociedad cuando la violencia, el autoritarismo y el desprecio por la vida sustituyen a la ley, la justicia y la democracia”.

Durante mi última visita, me llenó de esperanza constatar la gran afluencia de público, tanto nacional como extranjero, pero sobre todo de jóvenes. Los vi deseosos de informarse, libres de ambigüedades, prejuicios y falacias, frente a hechos que exigen estudio y debate colectivo. Como sociedad, debemos ser capaces de acercarnos a las raíces de este dramático episodio y mirar el espejo de nuestra propia barbarie e inercia. Es nuestra obligación cívica comprender lo ocurrido, inspirados en la necesidad de convivir y aceptar las divergencias que, hoy por hoy, dificultan nuestra cohesión republicana.

Concluyo haciendo eco del certero pronunciamiento de Salomón Lerner Febres y Manuel Burga, exdirector del LUM: “[El LUM] ha contribuido a educar y a recordar de manera equilibrada, sin colocar jamás en el mismo nivel moral a quienes se alzaron contra la sociedad peruana recurriendo al terror y a quienes defendieron al Perú de esa amenaza sanguinaria. Documentar los excesos que también se cometieron desde el Estado no equivale a igualar las causas: es precisamente una de las características que distingue a una sociedad democrática de quienes persiguen su destrucción. La victoria de la democracia y del Estado de derecho es un elemento central del mensaje que el LUM transmite”.

(*) Docente, comunicador y consultor en protocolo, ceremonial, etiqueta social y relaciones públicas. http://wperezruiz.blogspot.com/

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