Augusto Lostaunau: Los recuerdos de José Antonio de la Puente Candamo sobre Víctor Andrés Belaunde en 1963

Por: Augusto Lostaunau Moscol

Bautizado como Víctor Mario Rafael Andrés Belaunde Diez-Canseco, nació en Arequipa el 15 de diciembre de 1883. Nieto, por línea materna, del ex Presidente de la República Pedro Diez-Canseco y Corbacho (1868).

Además, su tío abuelo Francisco Diez-Canseco y Corbacho fue Encargado del Gobierno del Perú en dos ocasiones: 1868 y 1872. Su otro tío abuelo, fue el general Manuel Diez-Canseco y Corbacho, mientras que su tía abuela Francisca Diez-Canseco y Corbacho fue esposa del Mariscal y ex Presidente del Perú Ramón Castilla y Marquesado. Mientras que, su padre fue el ex Ministro de Hacienda y Comercio (actualmente Economía) Mariano Andrés Belaunde de la Torre, quien ocupó ese cargo entre los años 1899-1900 durante el gobierno de Eduardo López de Romaña.

Su hermano fue el reconocido intelectual, político y diplomático Rafael Belaunde Diez-Canseco, quien ocupó altos cargos políticos como Ministro de Gobierno y Policía del Perú (1945-1946) y Presidente del Consejo de Ministros (1945-1946), siendo padre del futuro dos veces Presidente del Perú: Fernando Isaac Sergio Marcelo Marcos Belaunde Terry (1963-1968 y 1980-1985).

Junto a José de la Riva-Agüero, los hermanos García-Calderón Rey y otros, conformó la llamada Generación del 900 que fue la última generación de intelectuales de origen aristocrático formados en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Desde muy joven destacó como catedrático en San Marcos, además fue funcionario público y autor de diversos ensayos históricos. En 1915 contrajo matrimonio con su prima Sofía Yrigoyen Diez-Canseco con quien tuvo dos hijas: Sofía Belaunde Yrigoyen (1915-1917) y Mercedes Sofía Belaunde Yrigoyen (quien en 1942 contrajo matrimonio con el Doctor Domingo García Rada, con quien tuvo seis hijos, entre ellos José Antonio García Belaunde y Víctor Andrés García Belaunde). En 1918 fundó y dirigió la revista Mercurio Peruano, muy importante para la difusión de las ideas cristianas y conservadoras sobre el Perú. Se incorporó a la diplomacia peruana.

Fue un claro y reconocido opositor a la dictadura de Augusto B. Leguía (1919-1930), alzando su voz de protesta y exigiendo la libertad de los presos políticos detenidos durante la farsa del “Complot Comunista”. Siendo detenido y llevado a prisión (isla El Frontón), para luego ser expulsado del país. Durante su exilio francés contrajo -por segunda vez- matrimonio con la señorita Teresa Moreyra y Paz-Soldán, hermana de Carlos Gregorio José Moreyra y Paz-Soldán quien luego será Ministro de Fomento y Obras Públicas (1939-1944); Presidente del Consejo de Ministros (1961-1962) y Segundo Vicepresidente de la República (1958-1962); y del reconocido intelectual, catedrático y periodista Manuel Moreyra y Paz-Soldán (cuya obra fue oportunamente compilada por el Instituto Riva-Agüero, aunque presentó notables faltas por parte del compilador-investigador). Tuvo dos hijos: Antonio Belaunde Moreyra y Martín Belaunde Moreyra.

En 1963, con motivos de cumplir 80 años de vida, la revista Mercurio Peruano planificó la publicación del Libro Jubilar de Víctor Andrés Belaunde en su Octogésimo Aniversario, publicación que inmediatamente fue compartida por la Pontificia Universidad Católica, como una muestra de reconocimiento y agradecimiento por sus años de docencia y ocupar cargos administrativos en esa casa de estudios universitarios. Entre los aproximadamente 50 artículos que conforman la publicación, existen textos en castellano, alemán, francés e inglés; llamando nuestra atención el escrito por el historiador José Agustín de la Puente Candamo, titulado Belaunde y la Universidad Católica. En él, dice:
“Desde hace más de 30 años la Universidad Católica es para Víctor Andrés Belaunde motivo de preocupaciones, de trabajo múltiple, de ilusión, de diálogo constante y siempre con alegría y esperanza. La enumeración de los cargos que ha desempeñado y desempeña Belaunde -profesor de las Facultades de Letras y Derecho, Decano de esta última Facultad, Rector interino en diversas oportunidades, Pro-Rector desde más de dos lustros y fundador y actual Director del Instituto Riva-Agüero- daría una visión tal vez extensa y pasajera de la verdadera y orgánica vinculación entre Belaunde y la institución que fundó en 1917 el Padre Jorge Dintilhac” (1963: 147).

José Dammert Bellido en su libro Los Primeros Años de la PUCP (2012) destacó al periodo entre 1918 y 1930 como los Años Difíciles, debido al lento crecimiento de su alumnado y las dificultades para solventar los gastos que demandaba la administración de la naciente institución universitaria con carácter de privada. De esta manera, se puede decir, que sobrevivió prácticamente de las donaciones que recibió de algunas personalidades como la señora Carmen Heeren y Barreda de Pardo, esposa -y prima- del expresidente José Pardo y Barreda. Otro extraordinario y reconocido benefactor de la PUCP fue José de la Riva-Agüero y Osma, quien heredó toda su fortuna y propiedades.

Pero, el esfuerzo de las primeras autoridades se orientó a presentar la naciente Universidad como un espacio de estudios digno de las clases dominantes. Por ejemplo, en 1919 se matriculó al primer año de Derecho, Augusto Rebaza Balbi, quien -posteriormente- será reconocido maestro de la misma facultad y presidente de la Asociación de Ex Alumnos de la PUCP. Otro caso es la del Reverendo Padre Pedro Pablo Drinot y Piérola, Obispo de Huánuco, región donde se dedicó a publicar Pastorales sobre temas sociales. Drinot y Piérola fue prácticamente el vocero de la Universidad por encargo de Jorge Dintilhac.

José Dammert Bellido indica que:

“En 1932, el presidente Sánchez Cerro decreta el cierre de San Marcos debido a la fuerte agitación política que se vivía en dicha casa de estudios. La clausura de esta institución durará hasta 1935. Un buen grupo de estudiantes volteará entonces su mirada hacia la Universidad Católica, por aquella época -y por mucho tiempo- la única universidad existente en Lima además de San Marcos” (2012: 83).

El cierre o Clausura -como la denominó José Antonio Encinas Franco- fue al acto final de una crisis iniciada en 1928, en pleno gobierno de Augusto B. Leguía. Como dice Encinas, desde ese año, San Marcos perdió toda autonomía y se convirtió en un anexo de la dictadura. Entonces, al interior de la propia Universidad se formaron dos bandos: aquellos que estaban por la Autonomía y la Reforma Universitaria versus los que apoyaban el control externo y se les conocía como la Contra Reforma. La caída de la dictadura de Leguía no significó el fin de la crisis; por el contrario, la agravó. Mientras Encinas y otros apoyaban la Reforma; al frente se encontraban estudiantes y docentes que proponían un mayor control estatal. El Congreso de la República de 1932 debatió el tema. Los diputados socialistas y Descentralistas: Alberto Arca Parró; Hildebrando Castro Pozo; Luciano Castillo Colonna; Saturnino Vara Cadillo; Erasmo Roca; Francisco Pastor y Emilio Romero se pronunciaron por la defensa de la Universidad y su autonomía, junto al cogobierno. Pese a ello, el gobierno de Sánchez Cerro clausuró San Marcos.

Mientras tanto, la PUCP fue incorporando alumnos que salían de San Marcos y docentes que se apartaban por no estar a favor de las nuevas corrientes ideológicas y políticas que se empezaban a desarrollar en la histórica Universidad. A la PUCP llegó también el ex funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores, Javier Correa Elías, quien ocupó el cargo de Secretario General de la PUCP por encargo del propio Dintilhac. De esta forma, se fue creando el prestigio de la PUCP que dejó de ser “La Academia Dintilhac” -como la denominaban los sanmarquinos- para transformarse en una institución con prestigio nacional e internacional.

Es en ese contexto que ocurre la llegada de Víctor Andrés Belaunde Diez-Canseco a la PUCP. Universidad con la que se identificó rápidamente. Formó parte del Consejo Superior de la Universidad junto a José de la Riva-Agüero y el padre Rubén Vargas Ugarte. Publicó diferentes artículos en la Revista de la Universidad Católica, como La Conferencia Panamericana en Lima (1939). Esa identificación es reconocida por De la Puente Candamo cuando indicó que:

“Para los que ingresamos a la Universidad hace veinticinco años, Belaunde era uno de los hombres con quien conversábamos con mayor ilusión y de quien recibíamos, como en el caso de Riva-Agüero, una enseñanza no reducida a la fórmula externa de la cátedra, sino fluida y natural en el diálogo, en la vida de patio, en la anécdota, en la presentación de un libro nuevo, en la cita oportuna, en la jocosa referencia a algún asunto criollo, en el enaltecimiento del amor a la lectura, en la analogía inteligente y en fin, en la vida de fe, recuperada y enriquecida con amor y sin respeto humano” (1963: 147).

Las promociones que van ingresando a la PUCP a fines de la década de 1930 encontraron en las clases y el diálogo cotidiano con el maestro Víctor Andrés Belaunde un momento de maduración académica e intelectual. Un docente que no se limitó a interactuar con sus estudiantes en el aula de clases, sino que fue más allá y se transformó en un guía intelectual para los más jóvenes. Resolviendo consultas en todos los espacios existentes al interior de la propia Universidad y fuera de ella. Sentimos la emoción de esos jóvenes que admiraban a su maestro en clase y luego se encontraban con él en el cafetín o en el salón de grados escuchando una conferencia. Estar sentado junto al maestro es una de las más importantes e inolvidables emociones que siente todo estudiante universitario. En Facultades como Ciencias Sociales; Letras o Derecho, esa emoción es mucho más profunda porque -muchas veces- nos encontramos en la Universidad con el autor del libro que consultamos en edad escolar. De la Puente nos manifiesta que:

“Belaunde dictaba todos los viernes en el Centro Fides una verdadera clase sobre los límites del Perú, la Amazonía, sus lectores juveniles y la visión del paisaje arequipeño, y sus inquietudes y certidumbres intelectuales. En esas conversaciones aprendimos mucho y gozamos de verdad no sólo con la vital capacidad de Belaunde sino también con sus alegres respuestas a las objeciones de Carlos Pareja a los “planteamientos filosóficos” y de Riva-Agüero, cuando rectifica un nombre, precisaba una fecha o esclarecía algún criterio que a su juicio no era lo suficientemente nítido” (1963: 147-148).

Más allá de lo que el profesor pueda explicar y desarrollar en clases, el recuerdo se nutre de las vivencias como intelectual e investigador exigente. Podemos estar de acuerdo o no con el método y los objetivos de un investigador; pero, lo que valoramos es la pulcritud y el tesón que todo investigador debe exponer al momento de desarrollar su trabajo intelectual. En el caso de Víctor Andrés Belaunde se recuerda la precisión del dato recogido para la descripción del hecho que es materia de estudio, interpretación y debate. Como se anotó, más allá de las interpretaciones se encuentra el hecho que es materia de estudio. La objetividad nos exige partir del hecho, por ello Belaunde entró en debate con otros maestros de la PUCP. Y, esto no causó ni envidias ni rencillas; por el contrario, en el recuerdo se indica la existencia de “alegres respuestas”, lo que rompe con esa falsa idea de “intelectuales acartonados”. Esto llevó a que José Agustín de la Puente Candamo afirme que:

“La vida universitaria de ese tiempo era sencilla, cordial, y la afirmación de la comunidad entre profesores y alumnos se refería en los discursos y la vivíamos con todas sus consecuencias. En ese ambiente la enseñanza de Belaunde fue múltiple, no sólo en el curso de Historia Constitucional del Perú, sino principalmente en la actitud cristiana sin incoherencias entre su pensamiento y su vida y en la visión de nuestra historia y de la verdadera naturaleza mestiza del Perú” (1963: 148).

La idea del mestizaje biológico fue parte del discurso elaborado por los intelectuales oligarcas a fines del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. Destacaron la figura del Inca Garcilaso de la Vega como una suerte de resultado positivo de la invasión española. Para estos intelectuales la religión católica y el castellano fueron aportes civilizadores que el mestizo mantiene como una manifestación de superioridad. Así, el aporte religioso elevó al indígena a creyente.

Sobre la forma de cómo Belaunde llegó a la PUCP, De la Puente indicó :

“Belaunde ha explicado que el Padre Jorge lo invitó a dictar en la Universidad Católica un cursillo sobre Historia de las Religiones y desde ese momento se afirmó el vínculo humano y fue fecunda la adhesión a la Universidad…Es clara la virtud del Padre Jorge para descubrir al hombre que puede servir en cada caso y para hacer fructificar las posibilidades” (1963: 148-149).

La llegada de Víctor Andrés Belaunde a la PUCP fue producto de una invitación directa que recibió por parte del padre Jorge Dintilhac, fundador y director de la naciente Universidad. De esta manera, Belaunde se alejó de su Alma Mater y aceptó construir un proyecto universitario diferente al existente. Es que -y pese a lo que han divulgado algunos- San Marcos siempre fue una Universidad fuertemente vinculada a la política. Los grupos políticos que dirigieron el país en el siglo XIX encontraron en San Marcos el espacio para la reflexión y el debate político. Maestros y estudiantes se enfrascaron en discusiones ideológicas y programáticas. Lo mismo ocurrió en las primeras décadas del siglo XX. El mismo Víctor Andrés Belaunde fue parte de ese ímpetu político. En 1917 publicó su texto La Vida Universitaria donde compiló seis textos: Dos de su participación como Delegado Estudiantil Peruano en el Congreso de Montevideo de 1908: Un Discurso del Tercer Congreso de Estudiantes en Lima en 1912; Dos Conferencias en el Federación de Estudiantes en 1917; y su artículo La Universidad de San Marcos y la Continuidad Histórica del Perú (ver Belaunde 1987 II). Su lealtad a la nueva institución que lo acogió fue eterna. De la Puente indicó que:

“Belaunde en ocasión de los veinticinco años de la Universidad y el día del entierro del Padre Jorge y siempre con alumnos y con profesores nuevos, subrayaba la calidad del Padre Jorge, su visión sobrenatural, su humildad, su sencillez, su constancia de todos los días al servicio de profesores y alumnos. Esta imagen directa que todos verificamos en el Padre Jorge y que Belaunde nos confirmaba y enriquecía, es una de las lecciones humanas más serías y permanentes que le debemos a la Universidad Católica” (1963: 149).

Con los años, la figura de Víctor Andrés Belaunde Diez-Canseco se convirtió en sinónimo de la PUCP. Su obra académica, intelectual, profesional y personal marcaron a las nuevas generaciones que ingresaron a dicha casa de estudios. Más de tres décadas donde Belaunde nutrió a la PUCP, y viceversa. El espacio universitario convertido en un espacio de compartir información y elaborar conocimientos. La vida universitaria en su esplendor y plenitud. Por ello, José Agustín de la Puente Candamo sentenció que:

“Los estudiantes universitarios de este siglo, de una u otra manera, hemos recogido la enseñanza de Belaunde para seguirla con gozo o para desarrollar una polémica en contorno de sus planteamientos sobre el Perú. No obstante, ningún universitario serio puede ignorar la lección peruana que nos ofrece el autor de La Realidad Nacional, de La Crisis Presente, de Meditaciones Peruanas, de Peruanidad” (1963: 132).

Así es. Todo estudio serio sobre las formas de pensar e interpretar el Perú no pueden obviar los aportes de Víctor Andrés Belaunde Diez-Canseco; como también los de José de la Riva-Agüero y Osma; José Carlos Mariátegui La Chira; Manuel González-Prada; Raúl Porras Barrenechea; Jorge Basadre Grohmann; Pablo Macera Dall´Orso; Alberto Flores-Galindo Segura; José María Arguedas Altamirano; Waldemar Espinoza Soriano y otros intelectuales peruanos de valor internacional.

Referencias

Belaunde, Víctor Andrés. Meditaciones Peruanas. En: Obras Completas. Tomo II. Primera Serie: El Proyecto Nacional. Edición de la Comisión del Centenario. Lima-Perú. 1987.

Dammert Bellido, José. Los Primeros Años de la PUCP. PUCP Fondo Editorial. Lima-Perú. 2012.

De la Puente Candamo, José Agustín. Belaunde y la Universidad Católica. En: Libro Jubilar de Víctor Andrés Belaunde en su Octogésimo Aniversario. Mercurio Peruano-PUCP. Lima-Perú. 1963.
Encinas Franco, José Antonio. La Reforma Universitaria en el Perú 1930-1932. Ediciones 881. Lima-Perú. 1973.

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